La mayoría de los fotógrafos no aprenden el oficio sacando fotos a explosivos en la Royal Air Force, pero Neilson Barnard no es un fotógrafo al uso.

Barnard creció en Stow Maries, Essex, un pequeño pueblo de la costa este de Inglaterra, y a los 16 años abandonó su casa para unirse a la RAF. Desde ese momento, y durante casi 14 años, viajó por Oriente Medio, Europa y África con el equipo de Desactivación de Artefactos Explosivos fotografiando, como él mismo dice, “cualquier cosa que pudiera estallar” para que los expertos de la RAF pudieran evaluar cómo eliminarla con seguridad. “Aquellas fotos las hacía con fines estrictamente funcionales, sin ninguna intención creativa”, señala.

Ahora, sin embargo, Barnard apunta su cámara hacia lugares muy diferentes. Como fotógrafo jefe del área de Espectáculos de Getty Images para Norteamérica, su hábitat natural son las alfombras rojas de los estrenos y las ceremonias de premios en donde documenta todos los movimientos de las estrellas más famosas del planeta.

“Lo que hago ahora está muy alejado de lo que hacía en mis inicios”, dice. “Cada día es completamente diferente. Un día estoy en Dubái, otro día en Sundance. Y me encanta, disfruto mucho con lo que hago”.

Cuando Barnard dejó la RAF, no imaginó que acabaría dedicándose a fotografiar al firmamento de Hollywood. Primero se mudó a Nueva York, y allí dirigió un restaurante en la zona de Hell’s Kitchen durante un año y medio. A lo largo de ese período dejó aparcada su faceta de fotógrafo profesional, pero todo cambió un día que un amigo le pidió ayuda para cubrir gráficamente la fiesta de presentación de un disco en el club nocturno The Limelight. Aunque Barnard había pasado más de diez años sacando fotos para la RAF, de repente se sintió completamente desubicado.

“No tenía ni idea de cómo hacer un balance de blancos o una exposición. También me sentía perdido a la hora de disparar el flash”, recuerda. “Y todo eso se quedó reflejado en las fotos. Lo increíble de esta historia es que al final hasta conseguí sacar algún material de provecho”.

La experiencia, en cualquier caso, fue transformadora y Barnard decidió que haría carrera en el mundo de la fotografía. Poco después se mudó a Los Ángeles con su esposa y, aunque no tenía un portfolio de trabajos, consiguió firmar un contrato de colaborador con la agencia Picture Perfect.

“A día de hoy todavía me sigue asombrando que me hayan contratado”, dice.

Barnard compró una cámara de segunda mano y leyó todos los libros de fotografía que pudo. Y con ese bagaje, se lanzó de lleno a su nuevo trabajo. Cada día acudía a estrenos y fiestas para dar lo mejor de sí “desde la parte más incómoda de la melé”, como él mismo puntualiza, batiéndose con los codos para hacerse un hueco entre los fotógrafos y capturar a los peces gordos en la alfombra roja.

“Estaba en la tercera fila de fotógrafos. Y tenía que ponerme de puntillas y estirarme al máximo para conseguir encuadrar sin que se me colaran las cabezas de los que tenía delante”, explica Barnard. “Si un día podía situarme en la segunda fila, entonces ese era un buen día”.

Finalmente, Barnard se convirtió en un experto en su oficio y fue ganando posiciones, y no solo en la fila de los photocalls; varias agencias de Los Ángeles empezaron también a representar sus trabajos. Y así fue creciendo profesionalmente hasta que un día, durante una visita a Nueva York, llamó a las puertas de Getty Images.

“Fue durante la Fashion Week”, recuerda. “Entré en la carpa de Bryant Park y me las arreglé para conseguir una cita con dos editores de encargos de Getty Images. Durante la charla una cosa llevó a otra y me contrataron como colaborador”.

Barnard ha fotografiado a muchas de las personas más famosas y poderosas del mundo, entre ellos el presidente Barack Obama, al que tuvo frente al objetivo en dos ocasiones en 2016. Pero su encargo favorito hasta el momento ha sido el de fotografiar a la rana Gustavo, Gonzo y otros personajes de los Teleñecos en la juguetería FAO Schwartz en 2008.

“Nunca me había reído tanto en una sesión de trabajo”, dice.

Barnard, que lleva cuatro años como fotógrafo de la plantilla de Getty Images, ha llegado a la conclusión de que para mantenerse a la última en la industria hace falta experimentar constantemente con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, en la edición de este año de los Premios Globos de Oro, tanto él como sus colegas de Getty Images utilizaron una cámara robotizada para capturar a las estrellas bajando de sus limusinas. Ningún otro fotógrafo pudo conseguir fotos comparables a las captadas por el artilugio robótico, ya que la zona de llegada de los vehículos estaba vedada a los informadores gráficos, siempre y cuando estos fueran humanos.

“Soy el mayor friki tecnológico del planeta y estoy orgulloso de reconocerlo”, señala Barnard. “Trabajo muy duro para mantenerme siempre a la última”.

A estas alturas, este fotógrafo que empezó en la RAF y luego regentó un restaurante en Hell´s Kitchen, no se imagina haciendo otra cosa que no sea disparar su cámara.

“Ha habido un par de veces en las que en medio de un festival de música al aire libre, totalmente empapado, chorreando por todos los lados, con barro hasta en los ojos y con todas mis cámaras en bolsas de plástico, me he preguntado: ¿Qué estoy haciendo aquí otra vez?”, confiesa. “Pero esa sensación dura muy poco. Porque al segundo me doy cuenta de que estoy ahí sencillamente porque amo mi trabajo”.

 

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