Cierra Cegielski y Holly Hanson no son la típicas moteras. En vez de tatuajes y bares de carretera, ellas prefieren las cazadoras de cuero a la moda y hacer camping bajo las estrellas. Estas dos amigas, que están detrás de la cuenta de Instagram @LadyTramps, documentan gráficamente sus aventuras sobre ruedas mientras exploran nuevas rutas en el asfalto.

Al conocer la historia de estas dos jóvenes, la fotógrafa Brook Pifer se quedó fascinada e inmediatamente empezó a barajar la idea de retratar esa faceta tan diferente y poco conocida de entender la cultura de la motocicleta. En 2015 Pifer ganó la primera convocatoria de Repicture Grant, una beca otorgada por Getty Images que le permitió seguir a Cegielski y Hanson en una ruta desde Malibú a Joshua Tree y plasmar con su cámara la fortaleza y el espíritu libre de las singulares moteras.

“A lo mejor al pensar en mujeres y motocicletas imaginas a chicas tatuadas y agresivas, pues bien, ellas son todo lo contrario”, apunta Pifer. “Por eso mismo, pienso que Cegielski y Hanson pueden ser muy inspiradoras para un montón de jóvenes, porque demuestran que no hace falta tener una actitud estereotipada para subirse a una moto y disfrutar de la carretera”.

Esta serie fotográfica sobre ruedas, titulada “She Rides”, es solo uno de los muchos ejemplos del trabajo de Pifer, generalmente focalizado en dar visibilidad a mujeres fuertes y empoderadas.

“Como mujer, en la industria de la fotografía, he visto y he vivido situaciones de misoginia. Por eso siempre he querido impulsar la igualdad e intento que la mayoría de mis trabajos giren alrededor de esa causa”, dice. “Quiero retratar a mujeres de manera realmente potente”.

Pifer, que vive entre Nueva York y Los Ángeles, utiliza su cámara para crear narrativas visuales que celebran la independencia y la libertad desde una perspectiva femenina. Y está orgullosa de hacer esa clase de imágenes naturales que muestran su particular visión optimista de la vida.

“No quiero que mis fotos parezcan artificiales o posadas; mi intención es que lleguen al público como algo auténtico”, señala. “Cuando me meto en un proyecto me dejo guiar por el corazón; esa es mi fórmula para dar con momentos inesperados y maravillosos”.

La infancia de Pifer se desarrolló en la afueras de Pittsburgh y allí también creció su amor por la fotografía. Cuando estaba en segundo curso sus padres le compraron una Kodak 110 a la que inmediatamente le dio uso. Con ella, Pifer empezó a fotografiar a sus compañeros de clase en los pasillos del colegio.

“Mi padres me apoyaron profesionalmente hasta cierto punto, pero tampoco me alentaron para que me dedicara a esto”, confiesa. “Ellos querían que fuera veterinaria o enfermera, pero yo tenía las cosas muy claras, incluso cuando era muy pequeña, así que supongo que al final aceptaron mis decisiones”.

Al principio, durante la época del instituto, lo que más le gustaban eran los retratos, pero cuando comenzó la universidad, en el Instituto de Arte de Pittsburgh, descubrió la fuerza del fotoperiodismo. Después de graduarse, Pifer se mudó a Orlando y allí empezó a trabajar como ayudante de varios fotógrafos hasta que decidió dar el salto a Nueva York.

A día de hoy, Pifer combina los trabajos comerciales con proyectos más personales en el campo de la fotografía y el vídeo. Eso sí, tanto si está trabajando en algo propio como en un encargo, lo hace con su inconfundible estilo y las mismas metas.

“Para mí lo fundamental es poder inspirar a otras personas”, señala. “Me gustaría alentar a otras mujeres para que levanten su propia voz, defiendan sus opiniones y creen su propio arte”.

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