En octubre de 2014, 43 estudiantes mexicanos de magisterio desaparecieron tras un secuestro colectivo. El suceso causó un gran impacto tanto en el país como en el resto del mundo. Cuatro meses después, fueron declarados muertos y se culpabilizó del crimen al cartel de la droga Guerreros Unidos.

La fotógrafa Adriana Zehbrauskas documentó el drama de las familias de los estudiantes desaparecidos, todo ellos alumnos de la Escuela de Profesores Rurales de Ayotzinapa en Iguala, México, y mientras realizaba su trabajo se dio cuenta de algo que es muy difícil de entender en el contexto de este mundo lleno de estímulos visuales: al margen de los documentos oficiales y de algunas imágenes captadas por teléfonos móviles, la mayoría de los familiares no tenía fotos de los jóvenes asesinados.

“A estas personas les han robado un futuro con sus seres queridos”, dice Zehbrauskas al tiempo que añade: “y dentro de unos años, cuando la memoria empiece a ser más difusa, ni siquiera van a tener una imagen con la que recordar sus rostros”.

 

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(Fotos: cortesía de Adriana Zehbrauskas)

Esta reflexión le dio a Zehbrauskas una idea. Con la ayuda económica de la beca Getty Images Instagram que ganó en 2015, puso en marcha un pequeño estudio fotográfico itinerante. Con él recorrió diferentes pueblos relacionados con la tragedia y en cada parada fue sacando retratos de familia de sus habitantes. Después, a cada uno de ellos les dio una versión impresa de la imagen que les correspondía y además subió las fotos a Instagram para que pudieran compartirlas con otros familiares y amigos.

“Los retratos de familia son como pequeños estudios antropológicos que sirven para encuadrar un periodo de tiempo determinado. Por eso, creo que son una poderosa herramienta para preservar y documentar la memoria de las personas que forman parte de ese núcleo familiar”, dice. “Muchas de estas personas jamás se habían puesto delante de una cámara; que les sacarán una foto y que alguien les prestara atención era una experiencia totalmente nueva. Así que al final todas estas sesiones se convirtieron en algo muy especial tanto para ellos como para mí.

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Zehbrauskas fue una de los tres ganadores de la primera edición de las becas Getty Images Instagram, que premian a los fotógrafos que trabajan por dar visibilidad a esas comunidades a menudo olvidadas por los medios de comunicación. Esta iniciativa de Getty Images vuelve en 2016 y, desde el 15 de marzo, ya admite nuevas solicitudes para las becas de este año.

“Esta beca busca ahondar en esas historias humanas que llegan al corazón y en el apasionado trabajo que ponen los fotógrafos a la hora de plasmarlas”, señala la documentalista y fotógrafa Maggie Steber, miembro del jurado de la primera edición. “Cuando descubro a alguien que está haciendo un trabajo extraordinario fuera del plano en el que se centran los grandes medios, me llena el alma de alegría; porque con ello están demostrando su auténtico amor a la fotografía y también a hacia esos seres humanos muchas veces olvidados”.

 

Para Zehbrauskas, que este año formará parte del jurado, la beca supuso el apoyo financiero que necesitaba para llevar a cabo su proyecto y hacer foco sobre esas comunidades invisibles. La fotógrafa planea volver pronto a esos pueblos mexicanos para impartir talleres a los niños y enseñarles a sacar fotografías con sus móviles. El objetivo es que ellos mismos puedan documentar la vida de sus comunidades y generar, de esta manera, su propia historia visual.

“Es muy gratificante poder haber tomado esas fotos y espero que muy pronto sean los niños los que puedan retratar a sus vecinos”. dice. “Las fotos de estas comunidades no son para mí, ni para engrosar mi portfolio, son realmente para ellos, porque ellos son los que me inspiraron a hacerlas”.

 

Presenta tu solicitud para la beca Getty Images Instagram a partir del 15 de marzo. Más información.